La primera ‘Smart City’ tiene más de 2000 años de antigüedad

Libro1-10Empezando con nuestra serie de post sobre los Smart Elements, traemos un poco de historia y cultura común tocando unas palabras muy sonantes hoy en día, la Smart City.

El concepto de Smart City es algo que está muy de moda últimamente, nos creemos que es algo reciente y basado en la tecnología pero estamos muy equivocados. La primera smart city de la historia fue la antigua Roma. Allí se desarrollaron las leyes y el urbanismo, instrumentos al servicio de la convivencia entre hombres y mujeres, entre patricios y plebeyos. También allí nació el concepto mismo de civis, el ciudadano libre y amparado por el derecho en contraposición al esclavo privado de derechos, y la civilización como fórmula para romanizar -organizar de modo inteligente- los territorios que el Imperio conquistaba. Para los pueblos beneficiados por estos avances organizativos, cívicos y tecnológicos, Roma era, sin duda, una ciudad inteligente.

Más allá de la definición de la RAE de romanizar  -“Propagar la civilización, la lengua, las leyes y costumbres de Roma.”- podemos reconocer el término como organizar de modo inteligente

Pero es en nuestro día presente donde nos hemos apropiado de dicha nomenclatura gracias a la revolución tecnológica,

como si en estos dos milenios todas las ciudades se hubieran mantenido estancadas. El desafío es aprovechar las prestaciones que nos ofrece el mundo digital y la comunicación móvil para organizar de una manera más inteligente -romanizar- nuestras ciudades. Bajo la divisa de la eficiencia, se trata de repensar el transporte colectivo y el tráfico privado, de reducir la contaminación y abaratar la iluminación pública, de perfeccionar la logística comercial en unos entornos urbanos cada vez más densamente poblados y abocados al consumo…

Es fácil comprometer la infinidad de posibilidades que las nuevas tecnologías ofrecen para mejorar la convivencia en las ciudades modernas. El problema es que el boom digital ha adquirido tal velocidad, y se sujeta a tan escasas reglas, que no son las innovaciones las que se adaptan a las necesidades humanas, sino los humanos los que nos amoldamos a los avances tecnológicos.

COLINDAR pretende no caer en los errores de otros y adaptar la innovación a las necesidades humanas y no al contrario

La telefonía móvil, por ejemplo, nos ha cambiado la vida y nuestra forma de comunicarnos. Ya lo hizo cuando los teléfonos sin cables solo servían para hablar, pero con los smartphones conversar se antoja poca cosa cuando se puede navegar, tuitear, chatear, jugar o simplemente trastear. El móvil ha dejado de ser una herramienta útil para convertirse en uno de los más importantes intermediarios con el mundo real.

Nos inunda la idea de si no se puede hacer con un smartphone, simplemente no merece la pena hacerlo.

En Silicon Valley los gigantes tecnológicos invierten ingentes fortunas en inventar artilugios y lograr que suspiremos por ellos; nadie se ocupa de lo que en verdad precisamos. Puesto que la dimensión humana ha dejado de ser la unidad de medida, deberemos ser nosotros quienes nos procuremos, cómplices y amos de tanta tecnología, a usarla para conseguir una vida más inteligente. Nuevos niveles de smart city ya vendrá después.

Nota: Inspirado en un artículo de El Mundo.



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