¿Qué es y cómo funciona el Internet de las cosas?

Dentro del glosario de palabras que poco a poco todos nos estamos acostumbrando a utilizar está el “Internet de las cosas” (en inglés, Internet of things, abreviado IoT) pero ¿sabes realmente qué es y cómo puede cambiarnos nuestro día a día?

¿Qué es?

La definición que más nos ha gustado al equipo de Colindar ha sido la de la revista Muy Interesante

Se trata una revolución en las relaciones entre los objetos y las personas, incluso entre los objetos directamente, que se conectaran entre ellos y con la Red y ofrecerán datos en tiempo real. O dicho de otro modo, se acerca la digitalización del mundo físico.

¿Imaginas tener la lavadora, el frigorífico, la puerta de tu garaje o incluso el riego de las macetas conectado a Internet? Posiblemente si, y de hecho un concepto tan sencillo de imaginar y visualizar es lo que lo hace tan jugoso para cualquiera.

Internet_de_las_Cosas

Definición gráfica del Internet de las Cosas

Según el INE (Instituto Nacional de Estadística), este pasado año 2015 rompimos una gran barrera, por primera vez en España hay más usuarios de Internet (76,2%) que de ordenador (73,3%). El 77,1% de los internautas accedieron a Internet mediante el teléfono móvil.

Al mismo tiempo que consumimos más información de la red desde el móvil que desde los ordenadores, vamos incorporando a nuestro día a día más “cosas” conectadas a Internet, como pueden ser nuestro reloj, cuantificador deportivo, la báscula de peso, o la alarma de la casa.

 

 

Podemos ver un poco más de la historia y su significado en este enlace de la Wikipedia.

¿Que tecnologías están favoreciendo su crecimiento?

Hay una series de tecnologías que han favorecido a su crecimiento y han posibilitado que todo esto deje de ser un concepto. Vamos a diferencias en tres categorías.

Comunicación de bajo consumo

La duración de la batería de los objetos desconectados de la red ha sido un punto problemático durante mucho tiempo, aúnque hay tecnologías prometedoras para aumentar la capacidad de nuestras baterías, la realidad es que todo eso parece estar aún un poco lejos. Por ello, se ha trabajado en que “las cosas” de nuestro hogar consuman lo menos posible.

Aquí tenemos dos vertientes, por un lado están los muchos protocolos de comunicación tradicionales que continúan vigentes en IoT y sus futuras mejoras serán clave. Hablamos por ejemplo de conexiones de red local vía Ethernet o de transmisión inalámbrica a través de conectividad móvil, según sean los requisitos en cada ubicación, por mencionar la reciente 4G se quedará pequeña en comparación con el 5G que están preparando IBM y Vodafone.

Por otro lado tenemos protocolos más recientes que han sido ideados pensando en el IoT y la comunicación de objetos entre ellos y a corta distancia. Un ejemplo es NFC o también Bluetooth 4.0, que tiene el apellido de LE ‘Low Energy’ precisamente porque está pensado para ser implementado en sistemas con baterías reducidas como por ejemplo pulseras cuantificadoras.

Los nuevos procesadores

No vamos a volvernos loco poniendo siglas y explicando la diferencia con los nuevos procesadores para el Internet de las Cosas, pero lo que si vamos a decir es que años atrás las mejoras de procesador eran más y más potencia, subir y subir los gigahercios (GH) y los núcleos para obtener ordenadores más potentes.

Es como lanzar coches con más y más CV, más velocidad y más consumo al mismo tiempo.

En el nuevo entorno del IoT, no necesitamos potencia desmesurada sino eficiencia de consumo y reducido tamaño, podemos sacrificar potencia por estas dos características.

Ahora queremos que sean coches pequeños y eficientes, que su nivel de consumo l/100km sea el menos posible.

Sensores y más sensores

Sensor de movimiento

Sensor de movimiento

Tenemos pequeños aparatos con bajo consumo y buenos protocolos de comunicación, ahora lo que necesitamos es saber que ocurre y reaccionar a tal fin. Para esto está aquí el sensor, el elemento hardware que interactúa entre nuestra tecnología y el entorno, capturando los datos que nosotros deseemos.

Incluyendo desde los más sencillos cómo botones, sensores de ultrasonidos, de luz o distancia. Podemos abrir el abanico y encontrarnos con sensores táctiles, acelerómetros, de inclinación, potenciómetros, de humedad y temperatura, altitud, presión… casi cualquier cosa que imaginemos.



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